En un momento en que la sostenibilidad se ha convertido en un factor estratégico para la competitividad territorial y empresarial, la provincia de Imbabura consolida un modelo de manejo integrado del paisaje con más de 9.000 hectáreas productivas bajo prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles, gracias al proyecto Paisajes Andinos, financiado por la Unión Europea e implementado junto al Gobierno del Ecuador y la FAO.
El cierre provincial del programa reunió a más de 300 representantes comunitarios y productivos, evidenciando cómo la articulación entre producción, conservación e inclusión financiera puede transformar la economía rural y fortalecer la resiliencia frente al cambio climático.
Resultados clave en Imbabura
- 2.631 hectáreas con prácticas agrícolas sostenibles.
- 6.367 hectáreas con prácticas ganaderas resilientes.
- 784 productores beneficiados con asistencia técnica.
- Brigadas comunitarias para manejo integral del fuego.
- Fortalecimiento de juntas de agua y áreas de protección hídrica.
- Consolidación de cajas comunitarias de ahorro y centros de servicio productivo.
A nivel nacional, el proyecto logró incluir más de 156.000 hectáreas bajo conservación formal, beneficiando a 4.746 productores en cuatro provincias.
Implicaciones estratégicas
Para los líderes empresariales, este modelo ofrece lecciones valiosas:
- Gobernanza territorial como herramienta para integrar producción y conservación.
- Inclusión financiera rural que dinamiza economías locales y fortalece cadenas de valor.
- Liderazgo femenino en emprendimientos productivos, clave para transformar territorios y generar impacto social.
Dora Solís, viceministra de Desarrollo Productivo Agropecuario, destacó que la transición hacia sistemas sostenibles es posible cuando se articula política pública con trabajo en territorio. Por su parte, Francisco Ureña, agregado de Cooperación de la UE, subrayó que este proyecto demuestra cómo movilizar capital internacional hacia modelos de desarrollo que integran producción y conservación.
Un modelo replicable
Imbabura no solo cierra una etapa, sino que consolida capacidades locales y un esquema de gobernanza que puede replicarse en otros territorios de la región. Para los CEO y tomadores de decisión, este caso evidencia que la inversión en sostenibilidad rural no es únicamente un compromiso ambiental, sino una estrategia de competitividad y resiliencia frente a los desafíos globales.